lunes, 24 de noviembre de 2008

sábado, 22 de noviembre de 2008


Este escritor cordobés ha rescatado la tradición oral popular en sus grabaciones. Un ejemplo de ellas son las realizadas en los años 70 como ‘El Pachanga‘, ‘El Flecha‘ y ‘Abraham mal humor‘.












Fanny Buitrago( 1943 )

Gran parte de sus obras reflejan las características del Caribe colombiano, su historia, su lenguaje, costumbres y como están sometidas a los avances tecnológicos, la publicidad alienante y el éxito a cambio de la infelicidad, es decir a una sociedad posmoderna, dando como resultado civilización versus barbarie.
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José Félix Fuenmayor (1885-1956)
En su cuento titulado Muerte en la calle, a través de un monologo interior del personaje principal, un gamin, refleja una visión de mundo opuesta a los valores posmodernos. Mientras que en el titulado Un viejo cuento de escopeta da cuenta del imaginario cultural barranquillero a través de mitos y supersticiones religiosas referentes a dos celebraciones representativas como lo son el Carnaval de Barranquilla y la Semana santa.
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Álvaro Cepeda Samudio (1926 - 1972)
En Hoy decidí vestirme de payaso y la colección de cuentos Los cuentos de Juana, más que resaltar elementos de la oralidad y la identidad Caribe, manifiesta a través de la fantasía y las isotopías los valores posmodernos.
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Efraín medina (1971 )
En su novela Sexualidad de la pantera rosa determina la vivencia de la posmodernidad colombiana a través de la representación de la idea de familia, sexualidad, religión y arte usando como espacio de referencia su ciudad natal.
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Los escritores caribeños: espejos de la realidad posmoderna.

Caballero De la Hoz, Amílkar (2005). Bello animal: Una mirada caribeña al mundo posmoderno. En Ferrer, G. (Comp.) Cuadernos de literatura del Caribe e Hispanoamérica. (pp.57- 69). Barranquilla: Universidad del Atlántico.

En la revista Cuadernos de literatura del Caribe e Hispanoamérica el profesor Amílkar Caballero presenta un ensayo en el que analiza la novela Bello animal de la escritora barranquillera Fanny Buitrago, resaltando las características de la sociedad posmoderna y la capacidad de los escritores para recrear esta realidad en sus obras literarias.

Para realizar el análisis Caballero tiene en cuenta tres características fundamentales de la posmodernidad que sobre salen en la obra: en primer lugar la contradicción de civilización y barbarie y la presencia de los medios tecnológicos en la vida de los personajes, en segundo lugar la exaltación de la mujer exitosa pero infeliz; y por último la estructura narrativa de la novela definida como caótica; todo esto reflejado en la ideología del caribeño.

Para la primera característica se resalta el titulo de la novela, aludiendo a que la autora es conciente del proceso de cambio que se presenta en la sociedad caribeña, lo bello alude a lo nuevo, a lo civilizado y lo animal a lo bárbaro, lo inculto.

Lo anterior lo observamos en la actualidad: el gran auge de las tecnologías para “facilitarnos la vida” pero que a la ves la complican por que desconocemos su uso, estas a su ves fomentan la perdida de valores sociales, culturales y ecológicos, promueven una vida acelerada donde reina el consumismo haciéndonos vivir un desorden sin control.

A la vez esta acelerada vida toca las artes, se observa que los artistas se preocupan por reflejar en sus obras la realidad posmoderna, adquiriendo otra ideología, los escritores se convierten en críticos de la conducta humana y sus obras en el espejo que revelan esa sociedad decadente envuelta en un caos tecnológico.

Continuando con lo civilizado y la barbarie, el profesor presenta la construcción discursiva que subyace en los diálogos que mantienen los personajes, los cuales reflejan la manipulación ideológica de los medios de comunicación masiva en la mentalidad del hombre posmoderno. En este espacio se observa la lucha de preservar lo tradicional, lo oral manifestado en las canciones populares que se resisten a desaparecer a causa de la invasión de los mensajes publicitarios iconos de la posmodernidad.

En cuanto a la mujer exitosa pero infeliz, se observa que los personajes femeninos logran un éxito profesional, alcanzan un estatus y reconocimiento, pero no logran su realización sentimental, descuidan sus familias o tienen que renunciar a sus éxitos para conservar el valor familiar.

Por ultimo el ensayo menciona que la novela no posee una estructura narratológica unitaria por el contrario, es caótica y entrópica, características propias de la literatura posmoderna. No existe una conexión entre los capítulos y son variadas las historias de los personajes las cuales no guardan una conexión en el espacio y tiempo.

Todas estas características mencionadas anteriormente también las vemos reflejadas e la novela Sexualidad de la pantera rosa escrita por Efraín Medina, quien se ubica dentro de los escritores posmodernos caribeños y se suma con sus obras a criticar la lucha de los valores colectivos, tradicionales y familiares en una sociedad posmoderna.


LA MUERTE EN LA CALLE DE JOSÉ FELIX FUENMAYOR: retrato de un ser ¿moderno o premoderno?

Este cuento escrito a manera de monologo consta de un narrador protagonista, único personaje; quien expresa de manera espontánea su cotidianidad, cómo llegó a ser un indigente y sus reflexiones acerca de si mismo y del mundo.

A lo largo de las autorreflexiones se entrevé un discurso que presenta al lector las características de un ser que podría se caracterizado como moderno o posmoderno dependiendo de las interpretaciones y los conceptos que se tenga acerca de estas dos épocas que aun en Latinoamérica se confunden y entrelazan sin poder determinar que nos encontramos en la posmodernidad como sucede en países europeos o asiáticos. Lo anterior podría definirse a la luz de algunas ideas de Zygmun Bauman sobre la posmodernidad:

“Los primeros sólidos que debían disolverse y las primeras pautas sagradas que debían profanarse eran las lealtades tradicionales, los derechos y obligaciones acostumbrados que ataban de pies y manos, obstaculizaban los movimientos y constreñían la iniciativa. Para encarar seriamente la tarea de construir un nuevo orden (¡verdaderamente sólido!), era necesario deshacerse del lastre que el viejo orden imponía a los constructores. “Derretir los sólidos” significaba, primordialmente, desprenderse de las obligaciones “irrelevantes” que se interponían en el camino de un cálculo racional de los efectos; tal como lo expresara Max Weber, liberar la iniciativa comercial de los grilletes de las obligaciones domésticas y de la densa trama de los deberes éticos; o, según Thomas Carlyle, de todos los vínculos que condicionan la reciprocidad humana y la mutua responsabilidad, conservar tan sólo el “nexo del dinero.”

Nuestro personaje podría definirse posmoderno en tanto que su situación lo exime de responsabilidades morales, civiles, sociales y domesticas; además él disfruta su condición por estas mismas razones y asume el caminar como su labor diaria.

Sin embargo esto resulta contradictorio al percibir en la lectura su ruptura con el “nexo del dinero” el se siente a gusto viviendo en la miseria, tal vez porque así como el dinero suple necesidades también crea otras como el obtener cosas que demandan gastos, que exigen comprar otras cosas, esto lo demuestra cuando un “caballerazo” le regala un billete de gran valor y él lo guarda en su mochila para que cuando muera, quien lo acoja y le de sepultura obtenga ese premio. Esto da cuenta además de su bondad e inocencia.

Otro aspecto que podría ser considerado como una característica moderna de este personaje es su temor a Dios y su reflexión sobre todo lo que el implica; reconoce que no puede hacer cosas que lo ofendan y acepta resignadamente todo lo que le sucede aludiendo que es esa la voluntad de Dios.

“como fuera Dios me lo perdono porque al otro día del zinc me mandó la manta”

Además su forma inocente y bondadosa de percibir el mundo y las acciones negativas de otros seres humanos, como la de su tío da cuenta de que es un personaje afectado por los valores posmodernos pero de una bondad inquebrantable.

UN VIEJO CUENTO DE ESCOPETA: REPRESENTACIÓN DEL IMAGINARIO CULTURAL BARRANQUILLERO


En este cuento se demarca el imaginario cultural que Barranquilla desde dos aspectos que, paradójicamente, se complementan y contrarían: el carnaval de Barranquilla y las supersticiones religiosas populares e incluso míticas.

El espacio en que se inicia la narración corresponde a unas semanas antes del carnaval y su desarrollo comprende, consecutivamente, la celebración anual de esta fiesta y la de semana santa.

En la narración no se muestra el carnaval como berroche; sino como evento cultural, ya que la historia ficticia gira en torno a una de las manifestaciones que pondera a esta fiesta como patrimonio oral e inmaterial de la humanidad: las danzas. Específicamente una de las danzas de relación más antigua que mezcla el folclor, el humor, la astucia y la ambigüedad maliciosa o el popular doble sentido en el lenguaje; todas éstas características propias del caribe.

Entró en acción el gavilán…
Recito con lánguida voz de enamorado bobo:
Palomita mi palomita,
ya no puedo aguantar más,
las ganitas que te tengo y voy a comerte ya.

Lo anterior da cuenta, además, del uso de la oralidad que hace Fuenmayor para representar uno de los dos aspectos importantes del imaginario cultural barranquillero; el segundo es correspondiente a la religiosidad que en la costa caribe se encuentra demarcada por una creencia supersticiosa; en la narración se observa para sanar algunos males o tristezas que no tienen justificación medica y ofrecer sacrificios para obtener la cura o cualquier otro favor de Dios, sacrificios denominados “mandas” como la ofrecida por Petrona para devolverle el apetito a su esposo Martín:

- “Martín – dijo –, haga esta manda tu y yo iremos
juntos a la procesión del viernes santo.” (p.25)

Otra creencia que además de superstición es mítica es la narrada al final del cuento por Petrona después que la misteriosa escopeta mato al actor que representaba al gavilán:

“y según su inspiración …” (p.30).

Resulta también interesante la relación que se hace en dos momentos de la narración entre el carnaval y las costumbres religiosas, se mezcla lo profano y lo religioso así como lo es en el imaginario barranquillero se disfruta deliberadamente hasta el martes de la muerte de Joselito, para el miércoles llenar las iglesias en espera de la cruz de ceniza, en la espera de que se cumpla el refrán:

“El que peca y reza empata”.

Finalmente, resulta interesante dar cuenta que lo anterior resume el sentir caribe del autor al plasmar al ser barranquillero aferrado a los mitos, el alborozo y la tradición a través del carácter ficticio que le imprimió a un suceso que según una edición especial sobre carnaval de la Revista Huellas de la Universidad del Norte aconteció hace unos años en nuestros ciudad y se encuentra registrada en la prensa laboral del momento.



El caribe colombiano escenario de Retratos a la Cera Perdida y Lumbre Azul, cuento de Fanny Buitrago.

La región Caribe, ubicada en la zona norte de Colombia, bañada por el mar Caribe, es el centro de inspiración para algunos escritos, gracias a su imaginario cultural y geografía natural que la conforma. También, gracias a su clima tropical, su fauna y su flora la hacen una de las rutas turísticas más visitada por los extranjeros y nacionales.

Los habitantes de esta región se caracterizan por ser espontáneas, alegres y trabajadoras dedicándose a la agricultura y al comercio. También encontramos muchas festividades que la caracterizan como: los Carnavales de Barranquilla y Cartagena, el festival de la leyenda vallenata en Valledupar, la celebración del reinado nacional de la belleza en Cartagena, entre otros. Su gastronomía es rica alimentos de mar y productos del campo, como el pescado, la yuca, el plátano, mariscos, frutas y vegetales.

Lo descrito anteriormente, sirve de escenario para algunos escritores en la realización de sus obras. Un ejemplo de ello es la escritora barranquillera Fanny Buitrago, quien hace alusión a sus raíces mencionando en sus cuentos y novelas lugares, comidas, dialectos y comportamientos propios de la región caribe. En su ultima obra Los Encantamientos (2003) conformada por diez cuentos, hace alusión al imaginario del caribeño y a la decadencia que sufre el arte en la sociedad posmoderna.

Para el presente análisis solo se tendrán en cuentan dos cuentos: Retratos a la Cera Perdida y Lumbre Azul, ya que e ellos la autora recrea la geografía de dos ciudades del caribe colombiano: Barranquilla y Cartagena.

En el primer cuento se narra la historia de Don Tancredo un artífice de la madera y amante de la literatura, que por la necesidad económica tuvo que renunciar a su profesión para unirse a “la gran dama que se enamoro de él” (p.9) la política.

La historia tiene lugar en uno de los municipios del departamento del Atlántico, Soledad, al mencionar el American Baar el lugar más popular del pueblo donde se concentran el comercio y sitios de diversión. Otra característica es la gastronomía, ricos desayunos con “café en leche y yuca hervida” (p.11), a medio día no faltaba el “sancocho, arroz blanco, tajadas de plátano frito” (p.11), alimentos que reflejan la comida natural y tradicional de la clase media, conformada por los productos cosechados en la región, así como la venta de mojarra y liza, propios de los que habitan las riveras del Mar caribe y el Río Magdalena.

En este contexto tiene lugar un desafortunado desenlace, a Don Tancredo personaje reconocido en la población por sus maravillosa construcciones en madera y personalidad ejemplar, se ve obligado a decidir entre su amor por sus creaciones y las necesidades económicas que sufre su familia, a causa de los nuevos estilos impuestos en la sociedad consumidora “estaban en boga los muebles fabricados en serie. Las arquillas, bargueños y consolas resultaban anticuados” (p.10). Este acontecimiento lo llevo a aceptar la propuesta hecha por los políticos del pueblo: “En nombre de nuestros gloriosos partidos y la oposición, de la comunidad en general y del Municipio en particular, le rogamos que se digne a aceptar la tesorería.” (p.19). “Acepto- dijo- con voz fatigada.” (p.19). Hecho que lo llevo a residirse en la ciudad de Barranquilla y disfrutar de los placeres de la clase social alta, pero con una profunda tristeza.

En Lumbre Azul se narra la historia de Emilio un niño que crece con la ilusión de ser pintor, pero las tradiciones impuestas por su padre no le permiten realizarlo.

Los acontecimientos tienen lugar en la ciudad amurallada, Cartagena, paraíso que le brinda al niño “el movimiento constante del mar, susurros de la brisa, viento y calor atenuándose en los azules de la noches”(p.45) para plasmarlos con unas pinceladas en el papel. Pertenece a una familia de estatus socioeconómico alto y de tradiciones tradicionales modernas, donde el padre es el que toma la decisión de todo.

En el cuento se mencionan algunos oficios propios la ciudad, como son las reconocidas “vendedoras de mangos y alegrías de maíz millo” (p.45); también la celebración de un carnaval donde desfilan disfraces de gitana, pastora, muñeca, japonesa, entre otros.

En cuanto a los alimentos se mencionan las frutas tropicales: mango de azúcar, el guineo manzano, limones, guayabas y naranjas, y como plato fuerte el arroz de coco y la posta negra.
Por la descripción de este contexto, la lectura de la narración se hace amena al encontrarse llena de colores y aromas; pero el final es inesperado, en una fiesta celebrada en el club La Popa, Emilio le dice a su padre que quiere estudiar en Bellas Artes y su padre indignado rechaza su petición expresándole que “era nieto almirante, sobrino de general y capitanes de corbatas.”(p.52) y como tal el tenía que continuar la tradición ingresando a la marina.

En ambos casos se observa la lucha de las tradiciones modernas en una sociedad arrastrada por la posmodernidad, donde el arte es considerado una profesión de baja categoría. Don Tancredo es el típico personaje que todo lo hace por amor y por hacer el bien a la comunidad, a pesar de que se aprovechen de el, coincidiendo de esta manera con el pensamiento de Fernando Vergara el cual “concibe la modernidad como un marco de valores o relatos que legitiman el proceso de modernización, entendido este ultimo como racionalidad instrumental que transforma desde la técnica la realidad circundante.”[1] En este caso nuestro personaje pretende transformar la sociedad con sus creaciones en madera. Por otra parte el padre de Emilio, tiene una mentalidad gobernada por “las premisas de bien-estar, bien-sentir, bien-vivir pero desde un punto de vista económico”[2] proponiéndole a su hijo un “contrato social de tipo utilitario no fraterno, no humano”[3] que es el interés ultimo de Emilio convertirse en pintor.



[1]Vergara, Fernando, S.f. Diccionario de la existencia, asuntos relevantes de la vida humana: Modernidad y nihilismo. Universidad nacional de México: México
[2]IBID.
[3] IBID.


Características de la posmodernidad se ven reflejadas en las obras de escritores del Caribe colombiano, un ejemplo de ello es la Sexualidad de la Pantera Rosa, novela del cartagenero efraím Medina.

A continuación, una reseña elaborada por estudiantes de X sem. de la Universidad del Atlántico, quienes abordan este tema y hacen un análisis de dicha obra.

IMPACTO SOCIAL DE LOS EFECTOS POSTMODERNOS REFLEJADOS EN LA NOVELA “LA SEXUALIDAD DE LA PANTERA ROSA”

RESEÑA ELABORADA POR: PRISCILA OSORIO, YANINA BADILLO, LAURITZEN PORTACIO, MARCELA URREA, MAIRA SINNING

Durante el siglo XX, y especialmente en sus postrimerías, se han venido produciendo importantes cambios sociales y culturales en el seno de los países desarrollados de Occidente. Desde puntos de vista bien distintos en este ámbito cultural ha surgido una nueva forma de pensar, y de entender el mundo, que difiere de lo que hasta ahora se llamaba el espíritu de la modernidad. A esta nueva cultura se le ha denominado “postmodernidad” debido a su abierta oposición a la época que la generó. Ante tanta influencia social, el ejercer literario no se escapa de evidenciar dichas tendencias contemporáneas, y la novela “La Sexualidad de la Pantera Rosa” del cartagenero Efraím Medina no es la excepción. En sentido general, esta novela despierta en quien la lee, la idea de una desalineación de las normas convencionales de la sociedad, en la ruptura de unos esquemas sólidamente formados, en la creación de una ética individual., el culto hacia actitudes totalmente seculares, el hedonismo en su máximo esplendor, y otras efectos propios de postmodernismo. Notemos que el personaje central de esta obra que se presenta con el nombre falso de Erick David representa, en gran manera, el individuo postmoderno, a su vez, quizá por la culpa de la avalancha informativa que debe soportar diariamente, se ha transformado en un vagabundo de las ideas: no suele aferrarse sinceramente a nada, carece de certezas absolutas y no parece sorprenderse por casi nada. Ciertas relaciones sociales cotidianas, que pueden observarse hoy fácilmente, están siendo sacralizadas por el hombre común. Erick David se nos presenta inicialmente como un semental, teniendo sexo con cuanta mujer se le cruce en el camino. Incluso, rompe con el esquema de una relación sexual hombre-mujer para ser partícipe de un ménage a trois. Algunos ámbitos de la vida secular, que en principio nada tienen que ver con las creencias religiosas, están adoptando hábitos y maneras que llegan a ser sagradas y casi religiosas. Uno de ellos está implícito en la concepción que se tiene del cuerpo, o en otras palabras, la actitud frente a lo sexual que quiere mostrar Medina bajo el comportamiento de su personaje principal. La figura humana ha sido promocionada por el consumo y ha llegado a ocupar un elevado lugar en la jerarquía de valores del mundo occidental. Todas las mujeres —excepto F, pero es incluida posteriormente en esta lista— que a lo largo de la trama de la novela se presentan, estaban bajo el estereotipo de un auténtico maniquí: alto, delgado, de apariencia juvenil; que sepa moverse con dinamismo, elegancia y deportividad y que resulte físicamente atractivo y “sexy”. Pero este culto al cuerpo esbelto y estilizado no obedece sólo a criterios estéticos o de salud: Maya no le importa hacerse un agujero en su cuerpo para estimular a “Erick David”; la hermana de éste permite que su compañero sentimental la golpee sin oposición alguna; Aisha sufre por la esbelta figura que tiene; F no cambia de figura sino hasta cuando se estabiliza un poco después de su relación con Zheta, y ésta última incluso es descrita por Erick simplemente como “alta y bella, inmóvil como un faro a medianoche en mitad del Caribe”. Es como si los cuerpos perfectos de la posmodernidad hubiesen sido abandonados por sus espíritus; como si hubieran ganado belleza por fuera a costa de perder profundidad y hermosura interior. Por otra parte, la libertad sexual contribuye a crear un nuevo mito que tiene que ver también con lo corporal. Se trata del hedonismo sexual. La promesa de que la sexualidad humana es fuente inagotable de placer, goce, libertad, misterio y salvación personal. Determinada literatura (como esta novela de Medina) y los mass media prometen a esta generación un cielo orgásmico aquí en la tierra. Se ofrece placer e inacabable felicidad para todo aquel que logre descubrir las misteriosas técnicas, posturas, zonas o puntos eróticos del cuerpo. Se presenta así el sexo envuelto en un cierto aire mágico-religioso como una buena nueva que promete la realización completa no sólo de Erick David, sino de la persona en sí, incluso del lector que ya esté encasillado en el plano posmoderno y no se asombre de leer lo descrito en las páginas iniciales. Todo el contexto que LSPR presenta y, en parte, el contexto en el que vivimos (revistas y películas porno, escenas de sexo en la TV, aficionados al teléfono erótico, las salas X, los sex-shops, los espectáculos de striptease) se multiplica rápidamente facilitando a todo el que lo desea experiencias diferentes y fantasías sexuales. Asimismo, dicha manifestación hace crecer la tolerancia hacia cualquier tipo de aberración o desviación que proporcione placer al cuerpo. Pero al final, me parece que tanto exhibicionismo, tanta pornografía (no sólo visual sino literaria) y tanta libertad sexual empiezan ya a disgustar porque eliminan la belleza original de la sexualidad humana. Cuando la relación amorosa entre hombre y mujer se reduce exclusivamente a la unión entre dos seres, los cuerpos se transforman máquinas orgásmicas y el sexo pierde toda su belleza. Por otra parte, también está presente el culto hacia la música. Erick David también se presenta como un músico, no famoso pero en busca de serlo, y a través de sus canciones expresa el descontento que tiene por la vida. Quizá algunos se podrían identificar con lo que él expresa; otros, tal vez con la relación sacralizada que tiene de la música. Erick David, al igual que muchos jóvenes, ve en la música un excelente vínculo congregacional, un buen ámbito de diversión, de evasión, de diálogo, e incluso, puede llegar a crear un medio de relajación. Por medio de la música adquiere un estilo de vida, un hábito, un comportamiento. La música le permite compartir sus vivencias, independizarse del mundo competitivo y, sobre todo, protestar contra esa sociedad que le disgusta. Notamos que ante cada situación en que vamos conociendo al personaje, se nos presentan fragmentos musicales de su autoría que reflejan la totalidad de su ser, como si impulsara la cohesión de aquellos que se encuentran en la misma triste situación de los excluidos como él. Para finalizar, el autor utiliza también un lenguaje que rompe los esquemas literarios. En algunas ocasiones tienden a ser un tanto poético y sublime; otras, escribe desde lo natural y coloquial; pero otras, no trata en lo más mínimo de ser erótico, más bien pornográfico. Hay una diversidad en el enunciar las cosas que el autor asume focalizando tres clases de lectores en uno: como si partiera del concepto de una triple alteridad presente en el lector, como si éste entendiera perfectamente y se fusionara en ese mar discursivo que propone. Pero ¿cuántos seremos los subliminalmente engañados? ¿Quiénes encajarían en este mundo simbólico de Medina? ¿Podremos soportar los efectos de la posmodernidad en la que estamos viviendo, o en verdad nos parece desequilibrada por ahora esta tendencia?




América LatinaJuventud y globalización por David Sánchez Juliao*
Discurso central pronunciado por el escritor colombiano David Sánchez Juliao en la VIII Conferencia de las Américas celebrada en Grand Valley State University de Grand Rapids, Michigan, E.U., el 5 de febrero de 2005

La inserción de América Latina en el proceso de globalización es inevitable, independientemente de que esta sea buena o mala. Inevitable como lo fueron la Conquista, el saqueo o la esclavitud. Pareciera que existe en nuestro continente un aire de predestinación a la tragedia de la dependencia. Cabe, entonces, preguntarse: ¿alcanzaremos a ser libres e independientes algún día? De esta pregunta se desprende otra, no menos atrevida: ¿Qué hemos hecho para ser libres e independientes? Y de esta nueva pregunta se desprende una tercera: ¿Lo que hemos hecho, ha sido acaso hecho por el camino correcto?
Es triste ver en nuestras ciudades capitales -y Bogotá, es la más patética muestra de ello- como su desarrollo urbanístico es muestra del turnarse de los imperios en nuestro dominio. El centro histórico de casi todas nuestras ciudades, aquel en donde nacieron al ser fundadas por españoles y portugueses, responde a lineamientos arquitectónicos de corte colonial ibérico. Luego, hacia el punto cardinal de su desarrollo, la arquitectura es de tipo francés, más adelante inglés y finalmente norteamericano. Un paseo de sur a norte por Bogotá, o de norte a sur por Ciudad de México, corroborará lo dicho. ¿Y de allí hacia delante qué sigue?, nos preguntamos colombianos y mexicanos acudiendo al manejo del cáustico humor que nos caracteriza; y, en tono de burla, respondemos: ‘De allí en adelante seguirán construcciones chinas de techos angulados y pequeños dragones tallados’. De nuevo, el humor como afirmación de la desventura y como reconocimiento de la predisposición y el acondicionamiento para aceptar la fatalidad.
No está desfasado entonces el prestigioso sociólogo Orlando Fals-Borda cuando sostiene que ‘globalización’ no es otra cosa que el término actual para referirse a la continuada dominación de la que hemos sido víctimas por parte de las naciones europeas occidentales desde el siglo XVI. Sin embargo, para consuelo de muchos, agrega que, a juzgar por la suerte que han corrido los imperios hasta hoy conocidos, no hay mal que dure cien años... pues todos terminan derrumbándose tarde o temprano. ¿Debemos entonces esperar el derrumbe natural -el tsunami histórico- para ser libres? ¿No sucederá que, tras la esperada barrida de ese mar de la historia, nuevos imperios nacerán y sacarán provecho de nuestra predisposición a la dependencia? ¿Qué podríamos hacer para fortalecernos de tal forma que ningún otro imperio de soles o de lunas nacientes o menguantes, o de estrellas o dragones, entre a dominarnos? La respuesta a tal pregunta es muy simple: debemos evitar que ellos suceda. Tenemos la obligación histórica de no permitir que el fenómeno se repita. Pero, hablando concretamente de los tiempos presentes y del fenómeno que ahora nos acosa, ¿es esta presente demoníaca corriente de globalización... evitable? ¿Cómo deben las nuevas generaciones responder a ese reto de ‘derrotar’ la globalización, evitándola?
La respuesta tendría dos variantes, conectadas e interdependientes: la económica y la cultural.
El fracaso histórico de América Latina se debe en parte a la sospecha de que es posible un equitativo desarrollo económico divorciado de procesos de afirmación cultural y de orgullo de la pertenencia. Es preciso, al buscar las primeras luces en el entendimiento del problema, tener claro que América Latina no es una. En la enorme porción de tierra que la compone, conviven múltiples culturas y disímiles cosmovisiones. Sus sectores populares, los mas deprimidos -oh, paradoja- son los más afirmados culturalmente. Sus clases medias son amorfas, desafirmadas, avergonzadas de su pertenencia y alienadas en los ideales de la clase-media-universal. Sus oligarquías son depredadoras y desprovistas de sentido social.
Pero todas esas clases, bajas, medias y altas, han sido víctimas del ‘eurocentrismo’, el que, desde los albores de nuestra historia, nos ‘vendió’ la categoría mental de que Occidente era el centro del universo y de que su pensamiento era el único válido y legítimo. Esa categoría de legitimación del ‘eurocentrismo’ permitió los más execrables crímenes de la Historia: la esclavitud, la conquista, el colonialismo, el holocausto, y otros.
A ese respecto, Fals-Borda piensa que la globalización es evitable, si en los países subordinados como los nuestros “aplicamos políticas de desarrollo local (por esa razón llamadas de ‘glocalización’)”. Pero según él, esas políticas deben depender necesariamente, de movilizaciones populares y buscar afirmarse en actividades culturales y en tradiciones que definan los perfiles propios de los pueblos. “Ya que nuestros gobiernos son eurocéntricos y genuflexos, como tantas veces se ha afirmado -sigue diciendo Fals- no aprecian las riquezas naturales, humanas y culturales de nuestros entornos. Al eurocentrismo se le responde con el aprecio orgulloso por lo que somos y tenemos, y por lo que podemos llegar a ser. Lo contrario sería fomentar una subordinación injustificada que nos llevaría a una homogenización inaceptable”.
Vale la pena, a esta altura de los raciocinios, preguntarse: ¿acaso esa categoría de legitimación de ‘eurocentrismo’ contribuyó a permitir los execrables crímenes históricos ya mencionados -conquista, ‘saqueo’, esclavitud, colonialismo-, de modo que ahora pudiéramos considerar la globalización como el umbral de un nuevo crimen que, en la acentuación de nuestros niveles de miseria y entrega, solo conduciría a los latinoamericanos a un estado de ‘modernización de la pobreza’ o a un ‘subdesarrollo globalizado’?
Fals-Borda opina que no cabe duda de que esos crímenes son “totalmente imputables a la llamada ‘civilización occidental y cristiana’, cuyos epígonos se han distinguido por la explotación, la exclusión y la guerra. La miseria y la pobreza se han multiplicado en el mundo desde hace seis siglos, bajo el manto protector de la cruz y la espada. Bajo el sofisma de las buenas intenciones otromundistas, fue en apariencia justo convertir la pólvora china enmosquetería y dinamita mortal, pero eso sin duda ha constituido un crimen impune de lesa humanidad” -concluye.
Pero no seamos pesimistas. Podría, no obstante, haber una salida. Aunque jamás hemos sido modernos, un buen entendimiento de término ‘posmodernismo’ podría conducirnos a una ‘sana anarquía’, en el sentido de considerar cada entidad o instancia cultural como la única y legítima, afirmándose en sí misma y exigiendo respeto al tiempo que respeta las otredades.
Esa ‘gran cruzada’ cultural tendería a reforzar los sentidos de identidad y pertenencia ya existentes en los amplios sectores populares al margen de la economía -mestizos, indios, afrodescendientes, pobres en general- y a renacerlos, si alguna vez los hubo, o a generarlos, en la clase media ‘educadas’, poseedora de las destrezas y la información, y motor de la economía.
Sucede que siempre fuimos colonia, eternamente subordinados. Siempre se nos negó ser, pues siempre fuimos en función de otros: los dominadores. Y de tanto querer ellos que fuéramos como ellos y de tanto querer nosotros ser como ellos, terminando siendo dos cosas en una: una doble caricatura, la ajena y la nuestra propia. Bástenos con saber que en Colombia se organizan con frecuencia concursos para elegir a “La Audrey Hepburn colombiana” o “El Schwarzenegger latinoamericano”. Recordemos al pensador colombiano William Ospina, cuando afirma: “La tarea más urgente de la humanidad en general es la tarea de reconocerse en el otro, la tarea de asumir la diferencia como una riqueza, la tarea de aprender a relacionarnos con los demás sin exigirles que se plieguen a lo que somos o que asuman nuestra verdad. Frente a los fascismos que hoy resurgen en tantos lugares del planeta se alza esta urgencia de hacer que en el mundo persista la diversidad de la que depende la vida misma. El triunfo de un solo modelo, de un solo camino, de una sola verdad, de una sola estética, de una sola lengua, es una amenaza tan grande como lo sería en el reino animal el triunfo de una sola especie o en el reino vegetal el triunfo de un solo árbol o de un solo helecho”.
Pero sea esta la oportunidad para rendir tributo a nuestro acerbo cultural, pronunciando uno de nuestros más dicientes refranes castellanos: “No hay mal que por bien no venga”. Ello, en el sentido de que “un punto interesante en este vertiginoso proceso de globalización es que el mismo nos está generando una conciencia de la diversidad latinoamericana -como lo afirma la escritora argentina Alex Ferrara-. Bienpodríamos trabajar en la construcción de nuestra ‘Latinoamérica globalizada’ -dice la escritora- para que así el mundo se entere de nuestras riqueza y diversidad, de la inmensa fuerza que significan tantos millones de hispanohablantes en el planeta, repartidos en un vastísimo territorio. No en vano Bush y Kerry, en la pasada contienda electoral de los Estados Unidos, empezaron a balbucear frases en nuestra lengua en busca del codiciado voto hispano. ¿Cuándo empezaremos a hacer valer esa fortuna cultural si no es ahora?”
Lo que anota Alex Ferrara, mucho tiene que ver con la ‘sana anarquía’ de la que hablábamos, en el sentido de propender por la conciencia de la diversidad y por el orgullo de cada pertenencia, considerándola como única y legítima pero en franco respeto a las otredades. En ese sentido, el mismo ‘Benemérito de las Américas’, don Benito Juárez, podría considerarse anarquista al afirmar: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Ello, si tomamos como un derecho humano y fundamental aquel de sentirse único y universal desde esas unicidad.
“No hay que asustarse, sin embargo, ante el término ‘anarquismo’ -sostiene Fals-Borda- pues este responde a una filosofía respetable y a una búsqueda alterna de organización sociopolítica, muy superior a las fórmulas conocidas burguesas, o las de ‘la Ilustración’. El anarquismo filosófico nació entre príncipes de la ‘Rusia Zarista’ que llegaron a apreciar a los campesinos siberianos autonómicos. No se trata, pues, de anarquía vista como desorden. En América Latina, debido a la baja densidad demográfica en mucho de su territorio, fue posible poblar muchos vastos territorios aprovechando las lejanías, los intersticios y las márgenes de las sociedades. Lo que dejaron intocado los hacendados, fue ocupado constructivamente por indígenas, negros cimarrones, campesinosantiseñoriales pobres y colonos raizales. Las autoridades europeizantes no podían ver a estos grupos sino como díscolos porque rompían la rutina del poder formal y autoritario de los centros. Pero allí, en los centros, es en donde se ha cocinado y se siguen cocinando la violencia y las guerras, las ambiciones personales y la libido imperandi. De allí han salido las consignas de sangre y fuego que han hecho trizas a Colombia. Por eso, en cambio, creo que se refuerzan los sentidos de pertenencia e identidad en los sectores populares de base, y que los valores antiguos positivos, por la vida y la cooperación, pueden renacer con políticas adecuadas, en manos de gobernadores que tengan corazón y entrañas, y verdadero amor por su pueblos”
Volvamos a William Ospina. “En esta defensa de la diversidad cabe la lucha por la existencia de muchas naciones distintas, con sus lenguas distintas, con sus culturas, con sus indumentarias, con sus dioses y, sise quiere, con sus prejuicios. Y así se ve mejor el peligro de las hegemonías y de los imperialismos. Cuando la guerra de los ‘boers’ en Sudáfrica a comienzos de siglo, Chesterton se declaró partidario de los nacionalistas sudafricanos en nombre del nacionalismo inglés. Acusado de traición respondió: “Yo soy nacionalista. Ser nacionalista no es sólo querer a la propia nación sino aceptar que los demás tengan la suya. Ser imperialista, en cambio, es en nombre de la propia nación querer quitarle su nación a los otros”.
América Latina no puede, pues, despegar hacia un equitativo desarrollo económico sin conocimiento y conciencia de su pasado, su Historia, su cultura -sus múltiples culturas-, su potencial como usuaria de una lengua hablada por casi 500 millones de personas y como poseedora de inmensos recursos naturales. Sólo ese convencimiento permitirá a nuestro continente saber qué es y quién esen el contexto de las naciones del mundo; y sólo ello le permitirá saber para quién genera riquezas y en busca de qué.
Finalmente, digamos que la sana conciencia y una práctica mesurada de nuestra predisposición al disfrute de la existencia podría permitirnos presentarnos ante el mundo como alternativa de felicidad en el marco, eso sí, de la aplicación de un modelo de desarrollo equitativo y propio. Un modelo no copiado de modelos conocidos, en el que la lengua común sea un factor de unión, respetando los dialectos indígenas vivos al igual que la cosmovisión que ellos encarnan.
Y ahora, la gran pregunta:
¿Cómo deben responder los jóvenes de hoy al reto que todo lo expuesto les plantea, y por dónde tendrían que empezar?
La esperanza de una nueva América Latina, nacida de un cambioradical de sus actuales estructuras, depende de que sus nuevas generaciones se preparen para ser líderes y agentes de cambio. Líderes y agentes de cambio en lo social, lo cultural, lo económico y lo político, sin dejarse sobornar, comprar ni cooptar por los dueños del poder, como ha sido la costumbre en nuestros pueblos.
Es urgente que empiece a darse el relevo en las dirigencias del continente, y que empecemos a expulsar por las vías democráticas a aquellos que han sido los culpables de nuestra pobreza, nuestra condena al sufrimiento, a la inequidad y al subdesarrollo. A aquellosque han sembrado y alimentado la violencia y las guerras. Y muy importante: debemos, en la nueva concepción de una América Latina justa, mirar hacia las alternativas, de todo orden, a que acudieron nuestros pueblos fundantes para resolver los problemas que el vivir en este mundo le planteaba. Estos pueblos tienen mucho que enseñarnos, pues de no haber sido destruidos a sangre y fuego por la voracidad del conquistador, esta América Latina de hoy sería muy similar a la que sus buenos hijos aspiramos que sea.
Muchas gracias.